Laus abre los ojos y siente frio. Rechaza lo que le rodea y te busca. En seguida, la realidad aplasta su alma como una losa, aquella llamada lo había cambiado todo.
Su ser se había roto y contigo las fuerzas y la belleza del mundo entero.
Nubarrones empañan sus ojos mientras espera que regreses, anhelando ese último beso que se dejó prendido entre idas y venidas de ajetreos caducados y versos inacabados, entre culpas y lamentos ya perdidos en las sábanas de esta fría ciudad que te espera, como el primer día, para llenar con tu luz y sostener cada uno de los trocitos desprendidos de este corazón herrumbroso, que todavía espera que tu calor en las noches frías pueda recomponer el puzzle que te llevaste en tu partida.
Un lamento aflora en los labios que no supieron pronunciar las letras adecuadas y hoy, ya sellados para siempre, sólo queda la lluvia y el sentir de que siempre, en cada suspiro, estará esperando ese abrazo imposible que limpie la playa de menesteres olvidados, y enfríe por fin los campos heridos en esta súbita huída de alboradas.
Bienvenido o venida a este mar en blanco en el que vas a derramar lágrimas y sentimientos como quizás no hayas hecho de otro modo.
ResponderEliminarDe momento te deseo tanto o más ánimo como el que a mí me enviaron grandes personas que por aquí deambulan.
Un beso grande.
Gracias,seguro este rinconcito traerá vientos frescos de esperanza...
ResponderEliminarUn abrazo